Ⅲ Foro de Amistad entre los pueblos de China, Latam y el Caribe

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Nov 4, 2011 No Comments ›› admin
La República Popular de China no sólo logró en el último cuarto de siglo un desarrollo interno espectacular, con un crecimiento del producto bruto interno que no tiene parangón en la historia mundial, sino que en los últimos años cambió el mundo. El crecimiento chino generó una inmensa demanda de commodities, en primer término soja, que cambió radicalmente los términos de intercambio a favor de los productores de materias primas. Este es un hecho nuevo, que tuvo como consecuencia que la crisis financiera del 2008/09 de Europa y los Estados Unidos repercutiera poco en los países periféricos, cuyas economías se basan más en la producción y exportación de materias primas. Los países de América Latina, en especial Brasil y Argentina, recibieron un fuerte empuje gracias a China, y en alguna medida también a la India y otros países del lejano Oriente.

China seguramente seguirá creciendo por muchos años más. China crece por la incorporación de la abundante mano de obra ocupada actualmente en tareas de baja productividad a la economía moderna y por la alta tasa de inversión, estimada entre 35% y 40% del producto bruto interno, lo que no existe en ningún país del mundo. A esto se suman inversiones extranjeras y, sobre todo, una incorporación a gran escala de tecnología moderna. Porque China cuenta con una población, que además de laboriosa es inteligente, capaz de absorber esa tecnología sin mayores dificultades.  En realidad China no puede no crecer. Tendría que suceder algo catastrófico para que ello sea posible.

Ese crecimiento genera inevitablemente una mayor demanda de commodities y otros bienes, en especial maquinaria y equipo. Las posibilidades de la agricultura extensiva en China son limitadas y decrecientes, no sólo porque no hay más tierras que pudieran dedicarse a este fin, sino por limitación en la disponibilidad de agua y por el avance de la urbanización. Por ello el país está obligado a importar cantidades crecientes de cereales y oleaginosas, como también de carne vacuna. Aparte, ese crecimiento genera una mayor demanda de metales, en primer término de acero y cobre, pero luego también de otros metales.

América Latina tiene una enorme capacidad para producir lo que China necesitará en cantidades crecientes. En el caso argentino hablamos en primer término de soja y luego de cereales y oleaginosos en general, pero también de minería. En otros países latinoamericanos la producción minera ocupa el lugar de privilegio. Por ello, el crecimiento de China tiene un formidable efecto de arrastre sobre las economías de América Latina. Esto es ineludible y debe ser aprovechado.

Al crearse naturalmente una relación tan estrecha e importante en términos económicos, es inevitable que también se generen lazos de otro tipo, en especial de inversiones. China puede colaborar con los países de América Latina en la ampliación de producción primaria, y también en la infraestructura necesaria para ello, mediante inversiones directas. Ya ha emprendido ese camino, y seguramente lo seguirá profundizando.

Como contrapartida de las elevadas compras de commodities a América Latina, China exportará más productos industriales diversos. En muchos casos estos productos compiten con la industria local, siendo inevitable que ello genere un problema. En esto hay que ser cuidadoso, porque ni la Argentina, ni Brasil, ni los otros países del continente admitirán que se sacrifique su industria y que se “primarice” su economía.  En un contexto de alto crecimiento el problema es más fácil de resolver, ya que habrá demanda para lo propio y lo de afuera. Además, el crecimiento latinoamericano requiere mucha maquinaria, y China también es un importante fabricante y proveedor de la misma.

Hay que ser cuidadoso en no generar conflictos que entorpezcan la relación bilateral.  Por ello es muy importante que se mantenga un diálogo fluido, a través del cual vayan surgiendo las soluciones. Sería conveniente estudiar integraciones industriales entre China y América Latina, de modo que haya un comercio de bienes industriales en ambos sentidos.

Señores: desde principios de la década del 90 viajo continuamente a China y desarrollo actividades allí como aquí. He podido observar el avance de China y también del comercio con América Latina, pero también advierto que hay un acercamiento humano, más allá de la valla que constituye ese idioma chino, para nosotros insondable.

Tenemos que profundizar la relación humana para poder resolver los inevitables conflictos que surgen de un comercio que ha crecido en una medida explosiva y seguramente seguirá creciendo, así como de inversiones directas chinas en América Latina. Tenemos que entendernos cada vez mejor, y entonces no dudo que habrá soluciones adecuadas para los problemas que vayan apareciendo. Este es el sentido profundo de la Asociación argentina de amistad con el Pueblo de China.

Por: Norberto L. Feldman

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