China y la soja argentina: una feliz coincidencia Por Norberto L. Feldman

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Ago 4, 2011 No Comments ›› admin
Es una feliz coincidencia que en un momento que China necesita cada vez más soja, la Argentina haya desarrollado una capacidad para producirla en gran cantidad. Si el crecimiento de la demanda china hubiera venido antes, la Argentina no hubiera podido satisfacerla, porque tenía poca producción; y si el salto de producción de la Argentina se hubiera producido antes de la aparición de China como gran comprador, probablemente hubiera deprimido el precio y desestimulado el cultivo. Pero Dios puso la mano.

El cultivo de soja en la Argentina se inició trabajosamente a principios de la década del 70, llegando apenas a 600.000 t en 1976. En 1981 se había avanzado a 3 millones de toneladas y, después de un avance permanente, en 1996 eran 12 millones de toneladas. En ese año el Gobierno aprobó la soja transgénica, lo que permitió mayores rendimientos a menor costo. Esa soja es resistente al herbicida glifosato, de modo que cuando este se aplica, mata los yuyos, pero no la planta de soja, la que entonces puede desarrollarse en competencia. Al mismo tiempo se introdujo la siembra directa, con la cual no se ara la tierra, sino que se le hace una especie de incisión, en la que luego se coloca la semilla de soja. Con esto se conserva mucho mejor la humedad, lo cual es especialmente importante en períodos de sequía, como el reciente de 2008/09.

También hubo mejor selección de semillas, más empleo de fertilizantes y utilización de maquinaria agrícola más grande, con menor costo de siembra y cosecha por hectárea. Y finalmente no hay que olvidar que la década del 90, gracias a la privatización y la desregulación, se redujo fuertemente el costo de transporte terrestre y marítimo, así como la operatoria portuaria, de modo que la diferencia entre el precio en destino (China o donde sea) y la tranquera del campo, es mucho menor que antes. Con todo eso llegaremos este año a una cosecha del orden las 52 millones de toneladas, en el orden del 62% de la cosecha total de granos y oleaginosas.

China crece ininterrumpidamente desde hace un cuarto de siglo a tasas que asombran. Una población calculada en 1.300 millones de habitantes requiere cada vez más alimentos. En esto la soja desempeña un papel doblemente importante: por una parte el pueblo chino consume soja en forma directa, con una preparación bastante sencilla, y por la otra la soja es alimento básico para cerdos, aves y también vacunos. De la semilla de soja se extrae dos tercios de harina (rica en proteinas) y un tercio de aceite, casi exactamente al revés del girasol, en el que dos tercios son aceite y un tercio pellets.

A medida que la población china mejora su bienestar, demanda más proteínas animales. El país ya cuenta con más de 600 millones de cerdos, y varias veces esa cantidad de aves, que tienen que ser alimentados. Ello implica una creciente demanda de soja.

China misma produce soja en gran cantidad. Pero le cuesta aumentar su producción, debido a que no dispone de más tierras agrícolas, a que hay una creciente escasez de agua y al avance de la urbanización, que ocupa tierras rurales. Entonces el país tiene que importar más soja.

La fuerte demanda china, a la que se acopla, aunque en menor medida la de la India, ha llevado a un precio alto de la soja en el mercado internacional. Por mucho tiempo, hasta bien entrado este siglo, la soja se cotizaba por debajo de los u$s 200 por tonelada, y a veces hasta a sólo u$s 150. En 2008 hubo una explosión, y el precio llegó a superar los u$s 600 por tonelada. Como era de prever, esta burbuja se desinfló, cuando los fondos de inversión dedicados a compra de commodities dejaron de operar, porque los colocadores de fondos desconfiaron y retiraron su dinero. Pero la soja se mantuvo a un precio entre u$s 300 y u$s 400 por tonelada, lo cual seguía siendo una precio muy bueno. Este es el precio real de mercado, y es previsible que pueda aumentar, por el aumento de demanda de China, siempre que la oferta no siga aumentando mucho.

Para advertir en qué medida ese precio es favorable hay que tener en cuenta que el Gobierno argentino mantuvo un derecho de exportación del 35%, a pesar de lo cual los agricultores se volcaron masivamente a la soja. Es que el productor sigue recibiendo un neto del orden de los u$s 200, que obviamente le representa un mejor negocio que el maíz o el girasol, a pesar de que estos tienen un derecho de exportación mucho menor, del 23%.

Sin duda, con una menor retención, la soja podría expandirse más a zonas marginales, como Santiago del Estero, donde las condiciones climáticas son más inestables y los rendimientos promedio son más bajos. Pero por ahora la soja tiene aun margen de expansión en las buenas zonas pampeanas, donde en parte desplazó a la ganadería, que sí se fue corriendo a las zonas marginales.

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